Es increíble cómo pasa el tiempo, increíble que haya llegado a ese momento en el que los años pasan como días, increíble que ya haya experimentado pérdidas más importantes que mi propia vida.
Hoy te escribo a ti abuelita, mujer que en la rebelde adolescencia que tuve fue capaz de serenarme en una tormenta de valores negativos que abordaban mi pequeña barca hinchable rodeada de tiburones y pulpos gigantes. Hace ya tres años desde que te fuiste, tres años en los que cada sábado he pensado que le faltaba algo, tres años celebrando un fin de año sin tu sopita y típicas gracias que amenizaban la velada. Sé de sobra que nadie es inmortal y que lo bueno dura poco, pero tú eras demasiado buena, demasiado esencial en mi vida, ¿ a quién si no le iba a contar cualquier problema?.
El tiempo vuela, las imágenes se van borrando, pero los recuerdos no, y puedo decir que yo de ti tengo un museo entero que ni el mejor arqueólogo podría terminar de explorar. También sé que a día de hoy estarías orgullosa de mí, que viendo cómo he cambiado y las cosas que he logrado podrías haber hecho el mejor de tus cohetes graciosos.
Puede que esto no llegue hasta ahí arriba, pero sé que con tu característica inquietud y afán de saber algún párrafo que otro leerás. A día de hoy, si pudiera volver a verte, sólo tendría una palabra : Gracias.
La muerte puede ser vencida con el recuerdo. Te quiero, abuela.
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