Un poco de placer hacia una actividad unido a la competitividad característica de servidor, es la mezcla capaz de provocar que mueva cielo y tierra para realizar dicha actividad perfectamente.
¿Quién no ha volcado horas en aquel pequeño aparato de colores con el que jugaba a los Pokemon? ¿Y aquella época en la que los tazos cromos y derivados eran la moneda de cambio capaz de financiarte incluso el desayuno?
Con el tiempo fui creciendo, sustituyendo esos vicios por otros propios de la edad, ese apogeo mítico del chat BlackBerry, horas y horas volcadas en un diminuto aparato que atraía más mi atención que cualquier otra cosa... Horas que también le dediqué a vicios eternos: fútbol, playstation, ordenadores...
A medida que se acercaba mi adolescencia, descubrí probablemente el peor vicio existente para el hombre : la mujer. Aquel ser al cual había tratado como un enemigo durante tantos años poco a poco fue convirtiéndose en algo tan atractivo como difícil para mí. Algo capaz de jugar con mis sentimientos tal y como una ruleta lo hace con la adrenalina del más grande jugador. A dieciocho años y trece días del día de mi nacimiento, he descubierto y sufrido tantos vicios como viciosos hay en el mundo, de los cuales me arrepiento de algunos y agradezco otros.
Si tuviera que citar alguno de los que estoy agradecido, no faltaría el cigarrito de después de almorzar, una rubia fresquita para empezar el finde semana y sin duda el mejor y mayor vicio que espero no me abandone nunca: las ganas de superarme día a día.
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